lunes, 24 de febrero de 2014

¡MÁS CERA!

Para que veáis lo qué sucede con la cera que no arde en los altares de cultos. Es éste post una recopilación con algunos videoclips a la luz de las velas, un quinario musical cuaresmal.

Baby D. Let Me Be Your Fantasy

Anita Baker. Sweet Love

Police. Wrapped Around Your Finger

Queen. Who Wants To Live Forever

Depeche Mode. Judas (live)

sábado, 15 de febrero de 2014

FELIZ 75



El Cristo de los Milagros es el Exvoto de un Milagro Colectivo, el Fénix de un renacimiento tras un punto y aparte escrito con hollín que no dio tregua a la amargura por el suplicio padecido. Es también el Trofeo de una carrera de relevos generacional con una gubia por testigo que pasó de un Palma a otro.

          El Cristo de los Milagros, como el Cautivo (bendecido 6 días antes) o Jesús el Rico (bendecido 10 días después), son hijos de aquella cabeza cercenada de la Esperanza que con recobrado cuerpo procesionó bajo palio de azahar en 1940. Madre e hijos eran entonces estandartes respectivamente del pasado y del futuro de la Semana Santa de Málaga, ya todos son historia viva.

          Cuando lo contemplamos escondido tras su descomunal tarta de cumpleaños recordamos que no sólo celebramos su aniversario, es el aniversario de todos. El Cristo de los Milagros pertenece a aquella generación de niños-dios de posguerra, su cruz es cuna de la reconstrucción de nuestra Semana Santa, clavado en ella ha soplado nuestras 75 velas.

          Con permiso de los cristos de preguerra, del que arribó durante la contienda y de los venideros a continuación, la quinta del 39 será para siempre la de los cristos de 75 años, hasta que cumplan los 100 claro está... Nadie podrá hacerles sombra, suyo fue el triunfo en la meta de la paz, tras la guerra, y no se puede perder la carrera de la historia ya ganada.

          Feliz 75. Feliz Milagro. Feliz quinta del 39.

jueves, 13 de febrero de 2014

PROCESIONES PARA NO DORMIR PRESENTA... (IV) LA TÚNICA


           Apenas asomaba la cabeza inmóvil fuera de la sábana. Un miedo atávico le impedía cerrar los ojos, tenía que mirar, compulsivamente, a algo o a alguien, a un peligro terrible que lo amenazaba en su dormitorio. La negrura se filtraba por unos visillos que se ondulaban con el aire procedente de una rendija inescrutable, que parecía respirar acompasadamente avisando de su presencia. Algo había junto a la ventana, algo monstruoso y sin rostro compartía con él su habitación, lo esperaba portando un instrumento afilado que desprendía una luz metálica.


           Se le heló la sangre cuando la puerta del ropero comenzó a abrirse sola en un crujido infinito de madera y bisagra que parecía roerlo por dentro. Pero el pavor se contuvo, desapareció todo el espanto al ver como una sombra negra salía del armario entre nubes de intenso olor a naftalina, como esa masa de forma inconcreta reptaba por el suelo en dirección a su lecho, como esa especie de saco misterio trepaba por su cama y se abalanzaba sobre él. Este suceso en lugar de asustarlo lo hizo feliz, le dio paz. Con mirada desafiante busco al ente sin rostro que seguía esperando en la ventana. Estaba preparado.


           Con las claras del día la primera visita lo descubrió. En su cama, tras años de postración absoluta, incapacitado para mover otra cosa que no fueran sus ojos a raíz de un accidente que tronchará su espinazo, el inválido yacía muerto. Pero eso no era todo: su camisón se encontraba perfectamente doblado en una silla y, al apartar la sábana que lo cubría por completo, se le descubrió sonriente y milagrosamente ya amortajado, vestido por unas fuerzas que escapan a la razón humana, abrigado para la eternidad con el sudario negro de la que fuera su túnica de nazareno, todo bajo la mirada cómplice de una Virgen blanca enmarcada sobre el cabecero de su cama.

Imagen: Funeral Symphony (VII) de Mikalojus Ciurlionis, 1903

sábado, 8 de febrero de 2014