Como esos puentes medievales que emergen de los pantanos durante la extrema sequía, hay un puente sobre el Puente de los Alemanes de Málaga que solo se aparece en las pequeñas o grandes catástrofes. Está casi siempre oculto a nuestra vista aunque lo tengamos delante de las narices. Este puente comunica la calle Marqués y el Pasillo de Santo Domingo de una ignota feligresía celeste poblada de gente buena, que distingue su mano derecha de la izquierda porque a la diestra siempre está Ella en su capilla y a la siniestra todo lo demás.
domingo, 28 de enero de 2018
lunes, 13 de marzo de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
LA CÁTEDRA
¡Ya está bien! ¡Debemos acabar con la falta de
rigor en la Semana Santa! ¡Esto se nos está yendo de las manos con tantas
decisiones arbitrarias y caprichosas!
Todo debe
tener un estricto sentido litúrgico, siguiendo los parámetros definidos desde el
Concilio de Trento por ser nuestra celebración fruto de la Contrarreforma, lo
que no quita a que debamos conservar también el espíritu penitencial de
aquellos cortejos medievales de disciplinantes y, por supuesto, la revolución
formal y cultual del último concilio Vaticano II, recuerdo que somos Iglesia, sin
ser esto óbice a que ante todo hayamos de ser respetuosos con criterios
historicistas, hemos de recalcar que Jesús existió realmente y ello implica recrear
exactamente aquel periodo histórico sin errores, lo que no significa que, por
ejemplo, los romanos tengan que vestir armaduras exactamente como las de las legiones romanas, más importante que la
historia es la tradición, no vamos a perder un buen plumero en un casco porque
lo diga un historiador… los historiadores no saben que los cofrades debemos
anteponer en todo momento los aspectos teatrales por ser los que mueven a la
religiosidad del espectador, esto debe ser siempre lo principal, siempre y
cuando los elementos empleados tenga calidad artística, un requisito
primordial, ya que en esta celebración damos gloria a Dios y no podemos darle
culto público con cualquier cosa, si algo no tiene calidad artística mejor no
sacarlo, salvo que se trate de objetos con valor devocional, evidentemente la
devoción es lo primero, en esas muestras de cariño de los fieles se fundamenta
todo, lo que no quita a que hayamos de ser firmes y rechazar aquello que
contradiga nuestras señas de identidad, somos poseedores de una rica cultura que
habremos de conservar por encima de cualquier caprichito devoto, tampoco quiero
decir con esto que no podamos evolucionar, al contrario, las hermandades deben avanzar
e ir siempre con los tiempos pero respetando las formas del pasado y desechando
lo contemporáneo, salvo que lo contemporáneo sea antiguo, o viceversa, desde
antiguo tenemos bien aquilatada nuestra idiosincrasia andaluza que nunca
podemos perder, así nuestras procesiones no han de expresar la pena por la
muerte sino la alegría por la resurrección pero siempre de la forma más seria posible,
ése es el camino a seguir, la seriedad, pero sin imitar las formas castellanas
porque lo suntuario (el refinamiento, los metales y telas preciosos) es
condición indispensable para demostrar el amor a Dios y a su Madre, siempre y
cuando no adquiramos enseres de valor porque vivimos tiempos de
crisis y hemos de evitar la ostentación de riqueza para ser considerados
verdaderos cristianos porque Cristo era pobre, igual que son pobres las
familias de los empleados de los talleres artesanos que se quedan sin
trabajo si nosotros… bla, bla, bla, bla, bla, bla.
jueves, 9 de febrero de 2017
MANOS
Cristo
orando en el huerto abrazado a un olivo imaginario para que le luzcan los
pliegues del nuevo mantolín, vírgenes cuya mirada implorante al cielo se ve
contradicha con la mano tonta de un besamanos, falanges afiladas como estiletes
para introducir anillos, manos crispadas injertadas en cristos serenos que exhiben
las malas artes de los que pretenden pasar a la historia del arte cateando en lenguaje
corporal, codos salientes para percha de toca, manos prisioneras de sus rosarios
o convertidas en pedestales de caros cachivaches para dar gusto a sus
donantes...
Aunque la cara goce del
aristocrático privilegio de ser el espejo del alma y las manos, por su
condición proletaria, ya desde la escultura del desterrado Adán y señora se
vean obligadas a trabajar duro por amor al arte, ojalá las ramificaciones
nerviosas de las cabezas de las imágenes de vestir prolongaran su emoción hasta
las extremidades sin interferencias, ojalá que la sangre que palpita en las
sienes circulara sin obstáculos por los listones de madera hasta las manos y que,
despojadas éstas de los contratos estéticos contraídos con la tradición o el capricho,
pudieran en su quietud mover con naturalidad al sentimiento.
viernes, 23 de diciembre de 2016
MISTERIO
El pastor que recibe la buena nueva del ángel y no del móvil.
La hilandera, más vieja que el hilo negro, que hila pero
como ya no compra ni vota vive abandonada del mundo, su vida pende solo de un
hilo.
El pescador horrorizado ante los santos inocentes que
flotan en el agua, los que comen y comen y vuelven a comer los peces en el río
y en el mar.
La lavandera de los trapos sucios, blanqueadora de
información, siempre lavando para el que mejor pague, por sucia que esté su
ropa.
El posadero que dice que no hay posada a quienes buscan
refugio y no lo pueden pagar.
El ciego que es el rey en el país de los tuertos que no
quieren ver.
La mujer del cántaro poniendo morritos a su reflejo en el
agua del fondo del oscuro pozo.
El anciano profeta del final de la historia oculta tras
el oro, el incienso y la mirra.
Aquí está
mi belén, construido con la inestimable colaboración del imaginero A. Abrines
Fraile, cuyas imágenes he tomado sin permiso de su blog.
Un belén de
avatares sin cuerpo, sin montañas de corcho ni praderas de musgo verde, sin ríos
de aluminio ni caminos de serrín flanqueados por casas de escayola. Un belén
sin portalito, sin mula ni buey, sin San José ni Virgen María, sin Niño Dios,
protagonista escondido a buen recaudo para no ser visto por ser signo de contradicción, como si la
Vida, o la vida en minúscula si preferís, la que se abre paso en mitad de la
noche con el canto de un gallo fuera algo de lo que avergonzarse. Los cobardes
siempre se atreven con los indefensos. En mi Belén no hay Niño Dios pero hay
misterio, un misterio enorme sin el cual nada tiene sentido.
Ojalá
consigamos ser felices estas fiestas, y no porque sí o porque nos lo podamos
permitir, sino porque nos lo merecemos, porque escondido en una caja de cartón
hay motivo y misterio de sobra para ser feliz en cualquier adversidad.
Feliz
Navidad.
martes, 15 de noviembre de 2016
EL ROSTRO Y LA CARA
Andaba meditabundo, el “Rostro
de la Misericordia” corría el riesgo de convertirse en meta volante de un ciclo
de progresivo desapego a lo cofrade por parte del que suscribe, no sería el
primero. Por más que repasaba las obras de misericordia me costaba trabajito
encuadrar alguna en el despadre de un besapié colectivo. Bastante tenía yo con
asumir que había desaprovechado mi misericordia de todo un año para no pagar mi
frustración con las cofradías a las que dedico este mi blog. Esperaba que las
hermandades lavaran un poco mi caradura haciendo algún gran acto exhibicionista
de misericordia, de misericordia de la buena, de la de sacar pecho. Cargarle el
mochuelo una vez más al rostro de Dios me parecía una manera ostentosa de
cubrir el expediente besando por la tangente, induciendo incluso a la confusión
al presentar a la veneración todos los cristos simultáneamente como si no
fuera en realidad Uno, o como mucho Trino, el Rey del Cielo (problema agravado
por el hecho de que en Málaga muchas cofradías comparten un mismo templo). Me
recreaba en el purgatorio de los puestos de lotería, en los flagelos de los
flashes, en las inevitables comparaciones entre montajes... Todo esto, y más
que no digo, me confirmaba la idea de que encuentran más respeto reverencial las
imágenes en los museos que en unas iglesias convertidas en teatro de variedades
por encargo (ahí está el imponente apostolado del Cristo de Ruiz Montes para
demostrarlo). Para colmo, el regalo venía bien anudado con el lazo de la
repercusión turística del magno simulacro, como si ésta fuera un fin en si
mismo y no una agradable consecuencia.
Estas cosas
la rumiaba puente adentro, sin abrir el pico, para no quebrar con mi cinismo
las ilusiones ajenas. Espero retirarme antes de convertirme en aguafiestas que echa
por tierra las buenas o regulares intenciones. La mía era aceptar
deportivamente que me había hecho viejo en un mundo de jóvenes que ven las
cosas de otro modo, pues la alternativa de que el joven fuera yo y lo cofrade
un fenómeno caduco aunque me gustaba no cuadraba con la fecha de mi DNI. Lo
cofrade sabe mutar al compás de los tiempos para sobrevivir, es inevitable que
vaya dejando muertos resucitables por el camino.
Con la
cuestión clara para evitarme decepciones inicié ruta en familia el viernes por
la tarde, sin contar con una eventualidad, la de mi reacción al encontrarme
frente a los toriles de la divinidad, y sí, pasó lo que tenía que pasar, me
volvieron a camelar, sucumbí como un pelele, caí en la trampa, amor al primer
beso, precisamente sobre la mano del Señor sin nombre que vive recostado en el
Molinillo, detrás la Virgen de la Piedad contenía su sonrisa, me di cuenta. En
fin, que todo continuó conforme a lo previsto:
Recalculando ruta. Recordando. Actualizando
emociones gastadas. Siga recto o gire donde quiera. Déjese llevar por esa
corriente que lo arrastra por el río seco hasta el mar, no ponga barreras
viejunas. Comparta sus creencias y el amor por su ciudad con su familia, que la
tiene y es la mejor del mundo. Observe ese niño que no se atreve a besar a un cristo
muerto porque es Cristo y está muerto. Siéntase orgulloso de su cofradía
contemplando al Hijo de su Madre como nunca lo ha había contemplado. Apriete fuerte el
nudo marinero en el estómago de estar frente al Cautivo. Haga la vista gorda a
las iglesias sobrepobladas de habitantes de redes sociales con los que comparte
más de lo que piensa. Déjese llevar por la fuerza incomprensible de algo que
hace presente la divinidad en este mundo. Comulgue con un beso de lo que se
come y se bebe, da igual que nunca haya sido muy sacramental del besuqueo, precisamente
ese beso lleno de microbios de los que le protegerá el Cristo de la Salud le hará sentir que
es partícipe y no curioso. Compense los excesos de albacería con los que se
quedaron cortos, los aciertos con los errores hasta obtener un resultado
positivo. Si se lo piden y no hace daño a nadie ayude a enhebrar camellos por el
ojo de una aguja. Brinde en cuanto su vaso esté medio lleno. Siéntase
moderadamente joven. Celebre que una imagen y lo que representa flotará en su
tempestad más que mil palabras.
martes, 8 de noviembre de 2016
AL DIOS DE MIS AMIGOS
Este domingo tuve la ocasión
de compartir luz de mañana y calles de Sevilla con el Dios de mis amigos. Ahora
describo mis sensaciones, todas frías y objetivas porque a priori no es mi Dios
sino el suyo, al ser yo malagueño y ellos sevillanos.
Sin duda es
el Dios de Sevilla, me percaté en cuanto lo vi girar sobre su eje delante del ayuntamiento
para susurrar “cuidadito” a la cara
de los miembros de la corporación municipal. “Cuidadito” no era ninguna amenaza, era solo un ruego en diminutivo,
ese Dios Hombre era capaz de todo menos de hacer daño a alguien, solo velaba
por el cuidado de los suyos. Si algún político faltó a la cita protocolaria marcada
a las y cuarto de aquel reloj de manecillas de madera tuvo que ser por miedo a
sí mismo, desde luego no de aquel Dios que contagiaba mansedumbre.
Al
principio fue el Verbo, ahora es el ruido, pues bien, el Dios de mis amigos es
como un cuchillo que atraviesa el bullicio de silencio reverencial, silencio al
que yo me sumé. Evidentemente existía una predisposición por mi parte a
dejarme llevar, a sentir sin rechistar, pero esto no minimizó su poder, al
contrario, el eco de su fama es como un estandarte que lo antecede en el
cortejo dibujando con miles de ondas una silueta tan real como El mismo.
Se le ve
tan fuerte y poderoso que no comprendo bien a qué vienen esos traspiés cargando
una cruz de madera que movería con una pestaña, tampoco la necesidad de ese
pedestal de rosas rojas que sujeta el stipes, tal vez sea una toma de tierra de
un rayo divino porque al mirarle a la cara me di cuenta que lleva a cuestas otra
cruz que no veo, una de dolor infinito que debió levantarse con un llamador inescrutable.
En todo lo
relativo a la túnica, a la música y demás cuestiones accesorias con las que me
entretengo en las procesiones, he decir que me pasaron desapercibidas. Confieso
que ya de espaldas me empezaba a fijar algo en el paso del Dios de los
sevillanos, uno de los mejores que jamás hayan existido, por historia y calidad
debería dejar ya de imitarse para empezar a ser un paso inimitable. Comprobé
también que el oro viejo reluce de forma distinta a como brilla el oro que se costea
de un día para otro y que los angelitos, si existen, deben ser como los que
rodean al Señor porque al contemplarlo todos fuimos un poco como deberíamos ser.
La
expresión “los amigos de mis amigos son mis amigos” debe tener algún reverso
luminoso y trascendente porque creo en un único Dios, un Dios que comparto
con mis amigos y hasta con mis enemigos a regañadientes.
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