viernes, 2 de marzo de 2018
sábado, 17 de febrero de 2018
SERVILLETA, DOS PLATOS Y POSTRE.
En cuanto irrumpió en mi
timeline el paño de la Verónica de la hermandad del Valle de Sevilla de
Guillermo Paneque no pude sustraerme a opinar. De repelentes maneras y con una
cena esperando en el plato improvisé mi primera reacción: no era abstracción lo
que vieron mis ojos, era en realidad arte figurativo por descubrir, había
sangre, había baba seca, si yo no identificaba la cara tampoco lo podía hacer
su autor, compartíamos una incógnita por resolver, había que encontrar allí a
Dios. Detrás del detallismo a realce de los límites de cada mancha intuía algo
de sublimación estética del dolor, lo mismo que hacemos los cofrades de toda la
vida bordando con oro la ropa sanguinolenta de un Torturado Condenado a muerte.
A los pocos
segundos ya leí en Twitter otra reacción, una tan primaria como la mía, la del
tuitero @MiguelGRizo, posiblemente cruel pero más ingeniosa y divertida, igual
de legítima, igual de válida. Para Miguel el paño del Valle era una “Servilleta del Burguer King con manchas de
Ketchup y mostaza”. Con esta contradicción acabé con el primer plato, uno
de cuchara con el sabor agridulce de quien comprueba lo diferentes que somos, guisado
con la libre interpretación de una misma obra de arte que precisamente nació
para provoca reacciones, si no ni es arte ni es nada.
A
continuación vino el segundo plato y con él al paladar de la mente un dilema,
el de que las imágenes sagradas, incluso las más refinadas aportaciones de la
historia del arte que procesionan por nuestras calles, generan exactamente el
mismo debate. Ese Cristo imponente que carga con una cruz con foto grande en
los manuales de historia del arte, ése que provoca lágrimas a su paso, que se
le sigue con pies descalzos, que se lleva a las entrevistas de trabajo o se
introduce en los bolsillos de las mortajas… esa obra de arte divina es también
calificada por muchos, y por muchos más de los que pensamos, como un muñeco, y
no solo en los ambientes anticlericales, también por muchos cristianos
iconoclastas que gustan poco de las formas cofrades. Por tanto esa servilleta
llena de kétchup tocaba resortes similares a los de una obra de Mena o Montañés
desde el momento mismo en que las imágenes religiosas, todas sin excepción, se
someten al veredicto del gusto del público de todos los tiempos, verdadero destinatario
de la obra. Es cada espectador (el de ayer, hoy o mañana) quien debía encontrar
el aura de lo sagrado o la simple madera policromada, quien elevaría un objeto a
los altares o le prendería fuego con gasolina. Me costó digerir este segundo
plato pero era tan jugoso que no deje de él ni un resquicio en el plato.
miércoles, 31 de enero de 2018
PIÑATA EN EL ECHEGARAY
¿Quién me iba a decir que un
suceso cofrade del pasado 10 de enero (a un año luz de tiempo de la sociedad de
la información) iba a seguir hoy de actualidad? Y no precisamente por el cartel
oficial de Semana Santa que ese día se presentó (es el suceso al que me refiero)
sino por los tejemanejes de poder que se exhibieron previa invitación. Yo contemplé el acto por 101 Televisión, como todos los cofrades de relleno, no importa, el salón
de mi casa es lo más parecido a aquel otro de los espejos de mi ayuntamiento al
que antes acudía siempre que quería.
En aquel
escenario del Teatro Echegaray colgaba el cartel como cuelgan las piñatas, ésas
hechas de barro que se llenan de monedas y se rompen a bastonazos. Allí, tras
no sé cuántos presentadores, expuso Ruiz Montes su legítimo discurso como autor
del cartel, lo que sirvió de inspiración a una improvisada tragicomedia
generacional sobre la lucha por el poder municipal, todo ello con la figura reluciente
del Cristo de la Redención convertido en telón de fondo, en un decorado.
Empezó Don Elías
Bendodo, presidente de la Diputación, alcaldable, haciendo apología de las
virtudes de la juventud por ser joven el cartelista. Sus ojillos gritaban: “Si os gusta el cartel elegidme a mí como
alcalde, coño, que también soy joven”. Don Francisco de la Torre la cogió
al vuelo y halagó al cartelista con retranca por haber tenido el detalle de incluir
a un nazareno representando a la madurez. Su socarronería declamaba “que le den por saco a ese niñato de la
Diputación, aquí tenéis a un alcalde de verdad, con una experiencia tan imprescindible
que sale hasta en los carteles de Semana Santa”.
Para
redondear el acto y curar las heridas de los garrotazos también habló allí, delante
de todos los medios de comunicación convocados, alguien de Unicaja, entidad a
la que los cofrades malagueños estaremos eternamente agradecidos: sin el
patrocinio desinteresado de este banco no tendríamos cartel, dado el descomunal
gasto económico que supone publicarlo y encima a color.
(No me he atrevido a
publicar la otra versión en la que aparece la futura torre del puerto. Era una
visión demasiado terrible hasta para un blog como éste en el que a veces se ha llegado
a rozar lo gore. Me consta que lo leen menores de edad que podrían sufrir
graves traumas.)
domingo, 28 de enero de 2018
SOMEWHERE OVER THE RAINBOW
Como esos puentes medievales que emergen de los pantanos durante la extrema sequía, hay un puente sobre el Puente de los Alemanes de Málaga que solo se aparece en las pequeñas o grandes catástrofes. Está casi siempre oculto a nuestra vista aunque lo tengamos delante de las narices. Este puente comunica la calle Marqués y el Pasillo de Santo Domingo de una ignota feligresía celeste poblada de gente buena, que distingue su mano derecha de la izquierda porque a la diestra siempre está Ella en su capilla y a la siniestra todo lo demás.
lunes, 13 de marzo de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
LA CÁTEDRA
¡Ya está bien! ¡Debemos acabar con la falta de
rigor en la Semana Santa! ¡Esto se nos está yendo de las manos con tantas
decisiones arbitrarias y caprichosas!
Todo debe
tener un estricto sentido litúrgico, siguiendo los parámetros definidos desde el
Concilio de Trento por ser nuestra celebración fruto de la Contrarreforma, lo
que no quita a que debamos conservar también el espíritu penitencial de
aquellos cortejos medievales de disciplinantes y, por supuesto, la revolución
formal y cultual del último concilio Vaticano II, recuerdo que somos Iglesia, sin
ser esto óbice a que ante todo hayamos de ser respetuosos con criterios
historicistas, hemos de recalcar que Jesús existió realmente y ello implica recrear
exactamente aquel periodo histórico sin errores, lo que no significa que, por
ejemplo, los romanos tengan que vestir armaduras exactamente como las de las legiones romanas, más importante que la
historia es la tradición, no vamos a perder un buen plumero en un casco porque
lo diga un historiador… los historiadores no saben que los cofrades debemos
anteponer en todo momento los aspectos teatrales por ser los que mueven a la
religiosidad del espectador, esto debe ser siempre lo principal, siempre y
cuando los elementos empleados tenga calidad artística, un requisito
primordial, ya que en esta celebración damos gloria a Dios y no podemos darle
culto público con cualquier cosa, si algo no tiene calidad artística mejor no
sacarlo, salvo que se trate de objetos con valor devocional, evidentemente la
devoción es lo primero, en esas muestras de cariño de los fieles se fundamenta
todo, lo que no quita a que hayamos de ser firmes y rechazar aquello que
contradiga nuestras señas de identidad, somos poseedores de una rica cultura que
habremos de conservar por encima de cualquier caprichito devoto, tampoco quiero
decir con esto que no podamos evolucionar, al contrario, las hermandades deben avanzar
e ir siempre con los tiempos pero respetando las formas del pasado y desechando
lo contemporáneo, salvo que lo contemporáneo sea antiguo, o viceversa, desde
antiguo tenemos bien aquilatada nuestra idiosincrasia andaluza que nunca
podemos perder, así nuestras procesiones no han de expresar la pena por la
muerte sino la alegría por la resurrección pero siempre de la forma más seria posible,
ése es el camino a seguir, la seriedad, pero sin imitar las formas castellanas
porque lo suntuario (el refinamiento, los metales y telas preciosos) es
condición indispensable para demostrar el amor a Dios y a su Madre, siempre y
cuando no adquiramos enseres de valor porque vivimos tiempos de
crisis y hemos de evitar la ostentación de riqueza para ser considerados
verdaderos cristianos porque Cristo era pobre, igual que son pobres las
familias de los empleados de los talleres artesanos que se quedan sin
trabajo si nosotros… bla, bla, bla, bla, bla, bla.
jueves, 9 de febrero de 2017
MANOS
Cristo
orando en el huerto abrazado a un olivo imaginario para que le luzcan los
pliegues del nuevo mantolín, vírgenes cuya mirada implorante al cielo se ve
contradicha con la mano tonta de un besamanos, falanges afiladas como estiletes
para introducir anillos, manos crispadas injertadas en cristos serenos que exhiben
las malas artes de los que pretenden pasar a la historia del arte cateando en lenguaje
corporal, codos salientes para percha de toca, manos prisioneras de sus rosarios
o convertidas en pedestales de caros cachivaches para dar gusto a sus
donantes...
Aunque la cara goce del
aristocrático privilegio de ser el espejo del alma y las manos, por su
condición proletaria, ya desde la escultura del desterrado Adán y señora se
vean obligadas a trabajar duro por amor al arte, ojalá las ramificaciones
nerviosas de las cabezas de las imágenes de vestir prolongaran su emoción hasta
las extremidades sin interferencias, ojalá que la sangre que palpita en las
sienes circulara sin obstáculos por los listones de madera hasta las manos y que,
despojadas éstas de los contratos estéticos contraídos con la tradición o el capricho,
pudieran en su quietud mover con naturalidad al sentimiento.
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